—¿Lo prometes? —Insistió, el tono provocador volviendo a hacerse presente mientras sus manos alejaban mis nalgas y su pulgar masajeaba la región alrededor de mi entrada. —Ya sabes lo que obtendrás si eres una buena sumisa, ¿verdad?
Suspiré de nuevo cuando empujó apenas la punta de su dedo dentro. Demonios, quiero a Ares dentro de mí con tanta desesperación que me duele.
—Sí, señor. Le prometo que seré una buena chica para usted. —Dije, tal vez gimiendo entre una sílaba y otra, pero no me import