Que sea lo que Dios quiera.
—Quiero irme a vivir a Madrid con Ares…
Bueno, lo hice. Fue fácil, ahora solo necesito esperar su respuesta, pero ambos parecen demasiado sorprendidos como para darme una.
—Maya… —Mi padre se rascó la frente y yo me encogí, previendo ya el sermón que iba a escuchar.
—De ninguna manera. —Lo interrumpió mi madre, con voz contenida como si quisiera terminar la conversación. —Serviré el postre.
La seguí con ojos aprensivos cuando se levantó y se dirigió a la cocina, sin