Terminamos riendo juntos, y comenzó a quitarme las esposas. Cuando mi cuerpo estuvo libre, solo pude colapsar en el mismo lugar, completamente derrotada.
—Vuelvo enseguida, cariño. —Avisó, dándome un cariñoso beso en la mejilla antes de arreglarse los pantalones y salir de la habitación.
Y sonreí, cerrando los ojos. Mi castigo había terminado.
Cuando Ares regresó, usó una toalla húmeda para limpiar el semen de mi espalda. Casi tuvo que llevarme en sus brazos para quitar la colcha sucia de la ca