Epílogo.
Narra René.
—¡Ya, ya! Mami ya va a llegar ¡Miren este pececito!, ¡si dejan de llorar se pondrá muy feliz! —intento consolar a mis pequeños, los cuales se encuentran en sus respectivas cunas, sin embargo, el llanto persiste.
Recuerdo cómo es que Marina los hace calmar en cuestión de minutos y sintiéndome nervioso, me pongo manos a la obra. Tomo a mi bebé Karen en uno de mis brazos primero, y luego tomo a mi pequeño Víctor en el otro. Los balanceo lentamente a ambos de un lado a otro, mientras