43: Una pesadilla y un ramo de flores.
Narra Marina.
—Solo… llama si algo sucede.
Ante la mirada preocupada de Hillary justo cuando firma el libro para poder irse, mis nervios se disparan.
Creí que ese hombre ya no podría causar nada en mí, pero me equivoqué. El odio y la frustración de no haberme defendido como debí comenzó a recorrer por mis venas desde esta mañana.
—Está bien señor Jake, no es necesario que coma la gelatina pero es importante que tome su sopa.
—Ha estas alturas de mi vida, ¿cómo puedo negarle algo a una mujer com