Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl taxi tuvo que dejarnos a dos cuadras del hotel, muy cerca del bistró, porque había una gran aglomeración en las proximidades. Después de bajarnos, tomé de la mano a Verónica y caminamos hasta la entrada, mientras intentaba ver qué era lo que causaba tanto revuelo, un domingo, en las proximidades del lugar al que debía llegar.
Cuando me acerqué a







