Mundo ficciónIniciar sesiónCuando íbamos de regreso a casa, en el taxi, después de una jornada que resultó poco más que agotadora, nos quedamos dormidas, una sobre la cabeza de la otra. ¡Qué peligro! Sí, lo reconozco. Menos mal estábamos en el vehículo de un taxista honrado que, cuando llegamos al barrio, nos despertó.
—Ya estamos por llegar, señoritas &md







