El miércoles temprano, al apenas entrar a su despacho, Leia se encontró con un Vicenzo de semblante serio, esperándola.
—Hola— saludó la joven que otra vez mantenía su cabello recogido.
El varón la notó y regresó su atención a ella, al haberse mantenido viendo los distintos diplomas de la joven abogada.
—¿Necesitas algo? — preguntó al dejar su bolso y portafolios sobre el respaldo de la silla y escritorio respectivamente.
Él asintió apretándose el puente de la nariz.
Ella pensó que había hecho