El día siguiente, martes, Leia se encontraba sola en su oficina, Carla hacía más de cinco horas que había salido a su cita, luego de medio ordenar el archivo, la cobriza suspiró con pesadez.
Dos golpes en su puerta la interrumpieron.
—Adelante – soltó con indiferencia.
—Vi luz bajo la puerta y supuse que estabas aquí— comentó un alto y atlético barón de más treinta y cinco años.
Vicenzo era uno de los asociados principales de Connor en esa prefectura, incluso, se atrevía a pensar, que de los pr