~ Amalia ~
Dante se movía por la habitación con mucha rapidez. Luego, se acercó a mí, su rostro estaba manchado de sangre y tenía un rasguño en la mejilla, pero sus ojos buscaban los míos con una urgencia que me obligó a respirar de nuevo.
— Mi padre está bien. — Dije, antes de que él pudiera preguntar. Mi voz sonaba como si viniera de otra habitación. — Sigue en el sótano, no ha visto nada.
— Bien... — Dante me tomó de las manos, apretándolas hasta que el temblor disminuyó un poco. — Amali