—Por favor, tengo que atender esta llamada, puedes adelantarte a la oficina —súplica en voz baja, y al asentir ella continúa con la llamada.
No hay problema en esperarla, pero tampoco no le veo el problema en adelantarme. Esto es normal, el sentimiento de que todo fracase o de que se me salga de las manos, intento ser la mujer optimista, pero el miedo se aprovecha de mi sensibilidad.
—Buenos días —dijo con voz desinteresada en cuanto crucé el umbral de la puerta, dejándome con la boca abierta p