—Tengo miedo de que un día despierte y no te vea, que extrañe desesperadamente tu cuerpo, tu sonrisa, esa mirada fija que haces cuando estás furiosa o de cómo sudas cuando mientes o estás nerviosa, hay muchas cosas que sé de ti, puede que no sean las suficientes, pero son las que extrañaré cuando abra mis ojos —sus palabras me dejan consternada, sin aliento—. No soy un niño, desde que apareciste en mi vida y no lo digo ese día que fuiste a mi oficina, no, fue esa tarde-casi noche que los dos ch