—No, necesito que ellos se vayan —respondí cabreada—, entiendan por una vez que necesito estar sola.
—Joder... —farfulló él y a mí me dieron ganas de abrir la puerta—, no sé lo que ocurrió para que te encerraras, pero una cosa te digo mujer y es que si no me sales ahora nosotros no nos vamos y tampoco los empleados porque no es justo de que tú te quedes y ellos se vayan a dormir.
Ese hombre está demente, no tuve otra opción que abrir la puerta, ¡perdí! Me enredé toda y medio dije que los dos es