CAPÍTULO 23
Intento no sonreír como tonta a cada cinco segundos, el atún en lata que Sergei me acaba de entregar, se desliza suavemente por mi lengua hasta llegar a mi garganta; al menos esto sacia un poco mi hambre. Ninguno de los dos nos imaginábamos que nuestra primera vez juntos iba a ser de esta manera. De cierto modo sigo sorprendida al saber que seguía siendo virgen, pero eso solo me demuestra el maravilloso hombre que es el italiano. Sus ojos azules me observan y debo bajar la mirada ha