Rebeca Schmidt
Han pasado siete meses desde que el caos y la sombra de Amelia intentaron destruir nuestro mundo. Hoy, el sol de la tarde cae sobre el jardín de la mansión con una calidez que se siente como una bendición. Estoy sentada en una silla de mimbre, observando cómo los niños corren entre los rosales.
Aiden, Andrés, Eva y Damian juegan juntos, sus risas llenan el aire y me hacen sentir que cada batalla valió la pena. Gracias a Dios, Charles se recuperó por completo; su fuerza de volunta