El rostro de Tristan se ensombreció. Su mirada era pensativa y sombría. Su mano, que sostenía la manzana, se quedó inmóvil.
Tenía el ceño fruncido, lo que dejaba entrever cierta reticencia.
Elara miró fijamente a las dos personas que tenía delante y soltó una risita. —¿Podrían hacerme un favor y hablar de esto afuera? Verlos a los dos me está quitando las ganas.
Tristan la miró con seriedad, frunció sus finos labios y se puso de pie.
Extendió la mano para arropar a Elara e intentó cepillarle el