[CAPÍTULO TREINTA Y OCHO]

Estábamos comiendo. Bueno, si a zampar como si no hubiera un mañana se le pudiera llamar así, pues bien. Yo no paraba de introducir la cucarra a la boca. De pronto mi vista viajó al plato de Nicolás, me entraron ansias de probar aquel pavo a la plancha que se había pedido.

—No me digas que no te basta tu plato—alcé la vista para mirarlo horrorizada. Tenía su mirada sobre m&iac
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