Al llegar a su apartamento, Alba reposa su espalda contra su puerta después de entrar, su día fue muy atareado, la presión de Leandro, su renuncia, la llegada de su madre, era demasiado para ella. Justo en ese momento, su teléfono empieza a sonar, lo saca de su bolsa y lo chequea, es Enrique, ¿Debía contestarle? La verdad estaba muy cansada y quería estar sola, pero tal vez sea importante, así que decidió responder.
—Hola —trata de actuar, pero no engañaría a nadie con su tono.
—¡Hola, cariño!