—Siéntate hija, necesito que escuches mi verdad. Sé que has vivido todo este tiempo creyendo que te abandoné, pero no es cierto. Déjame contarte todo lo que pasó —toma de la mano a Alba, quien sigue aturdida.
La pelicastaña se sienta y Macarena aproxima su silla a la de ella.
—Es necesario que me oigas atenta. Luego puedes preguntarme lo que sea —Alba la mira y sus ojos se vuelven cristalinos, siente un nudo en la garganta y el corazón a punto de salírsele por la boca.
—Cuando tenía diecioch