Los dos separaron el beso poco a poco, solo para recuperar su respiración normal, sin apartar sus cuerpos, manteniendo los rostros cerca, con sonrisas tontas y enamoradas, felices por haber dado finalmente ese paso.
Sebastian dio otro beso corto a Dalia y volvió a mirarla.
—¿Debemos volver?—
—¡No! ¡Quiero quedarme aquí! —Dalia abrazó el cuello de Sebastian, que sonrió sin soltar su cintura.
—¿Debemos tomar el coche y partir, dejándolos muriendo de sed?—
—¡Me parece una idea genial! — respondió