Sin darme cuenta, cerré los ojos y comencé a corresponder a su beso. Era como si mi cuerpo estuviera en automático, simplemente ejecutando movimientos aprendidos hacía mucho tiempo, pero que jamás había olvidado. Su beso era dominante y no dejaba espacio ni opción para escapar, y mi cuerpo parecía no querer huir, entregándose y envolviéndose cada vez más en ese beso.
Su mano sujetó mi cintura con firmeza y posesión, y presionó su cuerpo contra el mío, haciéndome sentir claramente su excitación