Capítulo 24
Isabella soltó un grito desgarrador. El dolor en su rostro la hizo hacer una mueca mientras se llevaba la mano temblorosa a la cara.

¡Sangre!

Su palma estaba cubierta de sangre brillante y escarlata.

—Tú... tú... —tartamudeó Isabella con los ojos desorbitados y la voz distorsionada— María, ¡maldita zorra! ¿¡Cómo te atreves a arruinar mi rostro!?

—¡Ja! —Esta vez fui yo quien soltó una risa fría.

Y con otro movimiento rápido, hice un segundo corte que, junto con el primero, formó una perfecta "X".
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