Lágrimas brillaban en mis ojos mientras dejaba de resistirme.
—Si esto calma su furia, que así sea.
Nos encontrábamos en un torbellino de emociones intensas. Me sentía como un pequeño bote perdido en el océano, desorientada entre el dolor y la confusión, con la vista nublada.
Al final, Antonio se derrumbó exhausto.
De repente, con voz ronca, preguntó:
—María, ¿alguna vez sentiste algo por mí? ¿Aunque fuera un poco?
Las lágrimas brillaban en mis ojos mientras mordía mi labio, pero mantuve silenci