Capítulo 18. Descontrolada

"Isabella"

No fue una conversación satisfactoria. Aún quedaban muchas cosas por resolver con Augusto, pero, al día siguiente, mantuve mi actitud distante y fría. En público, cumplía mi papel de novia: caminaba de la mano, aceptaba besos en la mejilla y piquitos. Por lo demás, me mantuve reservada, intentando no pensar demasiado en cuánto aquel hombre era una tentación y en que yo no era capaz de resistir tanto.

No nos expulsaron del hotel solo porque Augusto tenía dinero suficiente para acallar el escándalo. Aline, por otro lado, desapareció de la isla, de modo que el resto de los días fue más tranquilo. Dentro del bungaló, dormíamos con la cama dividida, una forma simbólica de evitar momentos incómodos en caso de que alguno de los dos se acercara al otro durante la noche.

Pero aquel viaje era más que un simple viaje de pareja. Era el momento en que Augusto pretendía pedirme matrimonio y, sin embargo, el ambiente entre nosotros estaba un poco extraño.

Cuando me recordó que me pagaban
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