Con el inconveniente del robo ya resuelto, los días siguieron pasando y la boda estaba cada vez más cerca. Le pedí a Eric que fuera algo íntimo y ya estaba preparada para mudarme de casa de mis padres, no sin antes agradecerles por la acogida que me dieron después de que me advirtieron sobre Dante y yo no les hice caso.
—No tienes que preocuparte por nosotros, sabes que podemos arreglárnosla con nuestros trabajos, hija —comentó mamá, con la palma de su mano en mi mejilla.
—Pero me gustaría envi