ARIA
Definitivamente, no estoy acostumbrada a tanta..’atención’. Ese hombre lobo no tiene límite. Esa noche lo hicimos al menos dos veces más, simplemente me tomaba por las caderas y la insertaba dentro de mí, sin preguntar.
Era muy tarde y el agotamiento pesaba sobre mí como una losa. Mi cuerpo entero parecía haber sido atropellado por un tractor… uno muy grande. Cada músculo se resentía, y no tenía dudas de que mañana despertaría adolorida. Para colmo, tenía entrenamiento con Zacarías en el