Voy decidido y jugaré su juego. Tantas luces me desesperan en Bayamón, pero voy haciendo cortes de pastelillos y a las millas. No soy de conducir loco, pero hoy es necesario. Al llegar a su casa me estaciono al frente. Enseguida veo a los chicos, pero Fabian no está y me acerco a ellos.
—¿Dónde está, Fabian? —los interrogué de una.
—Discutiendo con la Leona. Está tan histérica que le dio una bofetada a Fabi y… —silenció Timoteo dudoso.
—¡¿Y qué?! —lo insté de mal humor.
—Vi que la agarraba por