—¿Llegamos? —pregunto por milésima vez.
—No.
Resoplo.
—¿Cuánto falta?
—Annie, sé paciente ¿Sí? —ruedo los ojos que se encuentran cubiertos por un pañuelo negro que huele a él.
—Bien —respondo de mala gana.
Comienzo a tararear una canción que suena, la melodía es pegajosa. Muevo mi trasero en el asiento al ritmo de la música, escucho la risa de Said y me lo imagino burlándose de mí.
—Algo te tenía que salir mal, eh.
—¿Ah? —inquiero confundida.
—Cantas fatal, es peor que un concierto de los asi