‘¿Están estos dos intentando matarse?’, pensó Oliver en cuanto entró en la oficina. Sintió como si acabara de entrar en un horno recalentado.
Intentó ocultar su preocupación con una risita.
—Ja, ja, señorita Eloise, está aquí.
Ella miró de Antonio a él y una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Señor Oliver —hizo una ligera reverencia.
—No, no, por favor, Oliver —dijo, descartando con la mano el «señor».
—Lo siento, pero usted es mi jefe —insistió ella.
Antonio puso los ojos en blan