—Solo llámame Ruby —dijo la abuela con una sonrisa de oreja a oreja mientras se sentaba junto a Eloise en el sofá y tomaba sus manos entre las suyas.
Eloise no pudo obligarse a seguir sonriendo. Sintió una punzada de culpa en el pecho.
Si tan solo lo hubiera sabido...
Se mordió el labio al recordar que la abuela le había hablado de sus nietos. Recordaba perfectamente la enorme confianza que tenía en el hermano de Antonio, así como las preocupaciones y los deseos que albergaba por Antonio.