Era la hora de visitas en la prisión Wolf River. La tristeza, el alivio y la alegría impregnaban el ambiente mientras algunos reclusos recibían la visita de sus familias, parientes y amigos. Otros, en cambio, sentían rabia al ver a personas a las que no deseaban volver a ver.
Sentada en una de las salas de visitas había una mujer que parecía rondar los veinte y tantos años. Su rostro lucía menos pálido gracias al lápiz labial rojo y a su cabello, cuidadosamente peinado hasta los hombros.
Lev