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Los días fueron pasando y cada día amaba más trabajar en la empresa, haciendo lo que me apasiona, dando lo mejor de mí.

Faltaba dos horas para poder marcharme a casa, los últimos diseños que realicé me han fascinado, espero que el jefe piense lo mismo.

Camino a su oficina y golpeo con los nudillos esperando que no se encuentre ocupado, escucho un adelante y giro la perilla encontrado al señor Mengoni en su escritorio con su mirada perdida en el computador.

Me acerco a dónde está hasta que no
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