El sonido de la puerta cerrándose detrás de ella le trajo a Eloise un alivio extraño, como si por fin pudiera respirar sin el peso de la mirada afilada de Augusto sobre sus pasos. Ese día había sido largo —demasiado intenso para lo que estaba preparada.
Dejó el bolso sobre la silla de la cocina y comenzó a guardar las compras que había hecho en el supermercado de camino a casa. Todo simple. Práctico. La rutina era su manera de mantenerse con los pies en la tierra, de no dejarse arrastrar por lo