Las palabras de Lars se repiten en mi cabeza. Es la arpía más miserable, detestable y asquerosa qué ha pisado la faz de la tierra. Tengo las manos tan apretadas, que lo noto cuando mis uñas empiezan a lastimar mis palmas, pero no me importa, al contrario, las aprieto aún más, me imagino la fuerza que puedo necesitar para darle una paliza a ese cretino hasta que pierda el conocimiento, hasta que olvidé quien es. No, no quisiera que olvidé quien es, quiero que lo recuerde y que sepa por qué elegí