Ha pasado un mes desde que Sergio anunció que se iría a Venezuela, se va hoy, ha estado serio y distante, me cuesta mucho sacarlo de su letargo. Se nota que está preocupado por algo, pero no me dice qué.
Me besa en la frente y suspira con los ojos cerrados.
—¿Qué tienes Sergio?
—Nada, amor. Cuídate mientras no esté.
—Ya recogí tu maleta. Deberíamos acompañarte.
—No, sigue estudiando, Joaquín no puede faltar a la escuela. Volveré pronto, lo prometo. La seguridad será más intensa ahora que no esté