Me mantengo abrazado a ella, la tengo de espaldas a mí, beso sus cabellos y acaricio sus brazos, la oigo suspirar.
—Te extrañaba así, mi amor, tenerte en mis brazos —le digo.
—También te extrañaba así. ¿Esto es real?
—Sí, esposa de mi vida.
Se ríe.
—¿Vas a seguir con eso?, me harás molestar.
—Quiero que tengamos una ceremonia. La que no tuvimos oportunidad de tener. ¿Qué dices?
—Puede ser. Primero debes pedirme matrimonio como corresponde.
Me rio y la beso en la mejilla y en el cuello, por lo qu