-¡Maldito bastardo! ¡Te vas a arrepentir! ¡Te voy a matar! ¡Sofía es mía me oíste! ¡Es mía! ¡Es mi mujer!
-¡Basta Justin!
La voz cortante de Sofía lo interrumpió.
-Yo no soy tuya y jamás lo seré.
-Pero Sofía, mi amor...
-Tampoco soy tu amor.
-Ese maldito te lavó el cerebro.
-No, Justin, él no hizo nada... Fuiste tú quien lo hizo. Porque mientras tú estabas jugando a convertirte en CEO y te acostabas con cuanta mujer te pasaba por el frente, yo estaba encerrada esperando a que me sacaras del