Cada mañana desde que Michael y Sofía se habían casado, después de que el se marchaba al trabajo, Sofía se miraba al espejo mientras se arreglaba y se repetía una y otra vez:
-Eres bonita Sofía. Eres educada. Eres inteligente. Vales mucho. Mereces a alguien como Michael.
Y todos los días antes de que el llegara se duchaba y lloraba amargamente por no haberlo conocido antes, por evitar todas las cosas malas que le había hecho Irina, por guardar un secreto que sin querer se había convertido en do