Maurício permaneció en silencio durante unos segundos. Las palabras de Taylor resonaban en su mente como firmes martillazos. Cada sílaba había sido un golpe contra el miedo que llevaba alimentando durante meses, quizá durante años. El nerviosismo seguía latiendo en su pecho, como un caballo salvaje relinchando bajo la montura, pero ahora había algo distinto: una chispa de valentía, una pequeña llama que ardía lentamente, aunque con insistencia. Al percibir el peso del momento, Taylor le dio un