CAPÍTULO 50: UNA MUESTRA DE HOMBRÍA
Regresamos al rodeo con las cabezas gachas y una tremenda desilusión. Todo lo que hicimos no sirvió para nada. No pudimos entrar a la caja fuerte y ahora… ahora no sé qué va a pasar.
—¿Estás bien? —me pregunta Becca cuando bajamos del auto.
—No —susurro. Observo a Lucía que se acerca a nosotras. No puedo comentarle a Becca hasta que ella se haya ido.
—Lamento que no haya funcionado Isabella —dice con tristeza.
—No te preocupes. —Exhalo una sonrisa falsa—. Vu