CAPÍTULO 39: ILUSIONES ROTAS
Con suerte consigo llegar a mi auto y conducir sin estrellarme contra la acera hasta llegar al rancho. Entro y me voy directo a mi habitación con los ojos llorosos y empañados. No puedo más con todo esto, es demasiado para mí.
Me siento en la cama y descargo toda mi frustración y rabia. No importa cuánto lo intente me sigo sintiendo prisionera de la familia que destruyó mi vida.
Mis manos tiemblan mientras las lágrimas fluyen como un torrente de mis ojos. Lo odio,