CAPÍTULO 172: LA CALMA…
La felicidad que siento es casi irreal, como si estuviera viviendo en un sueño del que no quiero despertar. Ricardo y yo estamos abrazados en la cama, su mano acaricia mi vientre con una ternura que nunca había visto en él. Aún no puedo creerlo: estoy embarazada. Esta vez, en vez de miedo o dudas, hay un brillo en sus ojos que me llena de seguridad. Sé que, finalmente, hemos alcanzado la felicidad que tanto habíamos buscado.
—¿Cómo te sientes? —pregunta con una voz suave