CAPÍTULO 158: PONIENDO A LA VÍBORA EN SU LUGAR
Al llegar al hospital psiquiátrico, el ambiente es lúgubre y pesado. Las paredes tienen ese tono blanquecino, desgastado, que siempre te recuerda que el tiempo aquí pasa diferente, más lento. Ricardo aparca el auto, y ambos permanecemos en silencio durante unos segundos. Puedo sentir su tensión; no es solo por lo que está a punto de ocurrir, sino porque en el fondo, sabemos que enfrentar a Débora nunca es sencillo.
—Voy a entrar primero —dice sin m