CAPÍTULO 145: DISCULPAS
Ricardo
Estaciono el auto frente al rancho y dejo escapar un largo suspiro que parece salir de lo más profundo de mi frustración. Miro al retrovisor y ahí está, el hijo de Débora, durmiendo plácidamente en el asiento trasero. No tiene idea de todo lo que ha pasado esta noche ni de lo que significa su presencia aquí. Yo, por otro lado, estoy agotado, molesto y confundido, preguntándome cómo demonios terminé cuidando al hijo de una mujer con la que ya no quiero tener ningú