Era un nuevo día en la mansion y Aina estaba metida en su rutina del papeleo para ver los pendientes que faltaban para las inauguraciones de las empresas y la reinauguración del spa, porque eran los últimos detalles.
Mientras estaba en eso, de fondo podía escuchar a los empleados armando los juegos del jardín y en los pasillos escuchaba las risas y los pasos de Daniel, Guillermo y rayitas, quienes estaban estrenando alguno de los nuevos balones.
- Alina – le llamó Kimberly.
- Dime.
- Me acaban