Con la llegada del nuevo miembro de la familia, la casa era más agitada y divertida, ya que ahora se podía escuchar la risa de Daniel al correr con su andadera por los pasillos siendo seguido por su papá o por rayitas.
Justo esa mañana los más pequeños de la casa estaban jugando a seguir el balón, por lo que todos los sirvientes debían estar muy alertas de que la pelota no se elevara o picara y rebotara en la pared o algún que se pudiera romper.
- ¡Wa! – fue el grito de una sirvienta que, a dur