Leo apretó los puños con fuerza y respiró profundamente, tratando de controlar su enojo. Su ceño se fruncía y sus puños se apretaban con fuerza.
No quería que Mylene notara su enojo, pero era difícil mantener la calma ante tal injusticia. La imagen de la cara de Mylene después de su encuentro con su padre no dejaba de perseguirlo.
¿Cómo podría alguien tratar así a su propia hija?
Leo sintió que la rabia se le acumulaba en el pecho, y le costaba contenerse para no explotar.
-Lo siento mucho, M