El sonido de un disparo dentro de la habitación dejó a todos los presentes aturdidos. Se había hecho un silencio sepulcral, Nicolás había cerrado con fuerza los ojos, aceptando su derrota, le había fallado a su mujer y a su hijo, y ahora pasaría los días del resto de su vida lamentándose por esto.
Escuchó un llanto a unos metros, seguido de una respiración agitada, levantó el rostro con los ojos pesados, quedándose casi inconsciente, si iba a morir en esa fría habitación entonces sería al lado