Isabella miró fijamente a su padre, conmocionada. No permitiría que él descartara sus planes tan rápido, pero él ya lo había dejado claro: estaba fuera.
Corrió de vuelta a la habitación donde Alejandro estaba leyendo y se plantó frente a su escritorio.
—¿Vas a quedarte ahí sentado y permitir que arruinen nuestros planes? —preguntó, con los ojos buscando desesperadamente respuestas en los de él.
Alejandro cerró el libro que estaba leyendo y levantó la mirada para enfrentar a Isabella. El plan si