Evan se encontraba en el comedor, disfrutando de su tarta como era habitual en él. Conversaba con Noelia, quien terminaba de lavar los trastes antes de marcharse a casa. No pasó mucho tiempo antes de que la señora recogiera su cartera y cambiara su uniforme por ropa de calle.
—Nos vemos mañana, señor Evan —se despidió la empleada, y él la acompañó hasta la puerta, asegurándose de que subiera al taxi que la llevaría a su hogar.
—Que llegues bien, Noe —dijo, mientras ella asentía y se encaminaba